La fiesta inicialmente se hacía en el mes de mayo hasta que el Papa Gregorio III la cambió al 1 de noviembre, fecha que ha venido celebrándose hasta nuestros días. Y es que desde que el hombre empezó a enterrar a sus muertos, ha sentido la necesidad de seguir manteniendo un lazo invisible con sus seres queridos desaparecidos. La fiesta y la diversión no está tanto en el bar como en el camposanto, es más elegante ir de negro que de fantasma, y resultan más bonitos los crisantemos que las calabazas, aunque éstas brillen más en los bares españoles últimamente.
Receta de buñuelos de viento
125 g de mantequilla
2 g de sal
6 Huevos
Aceite de girasol
1/2 l de agua
1 taza de leche
Elaboración:
En un cazo a fuego suave, se ponen el agua, la leche, la mantequilla y la sal.
Cuando arranque el hervor y la mantequilla esté fundida, se añade toda la harina de golpe.
Se mezcla con una cuchara hasta obtener una pasta bastante seca, que se enganchará en las paredes del recipiente.
Se retira del fuego, se deja que se enfríe un poco y se añaden uno a uno los huevos, trabajando hasta que se obtenga una masa fina y suave, pero no líquida.
Se divide la masa en porciones ( para dar forma a los buñuelos se pueden utilizar dos cucharas untadas en aceite) y, en una sartén con abundante aceite de girasol caliente, se fríen los buñuelos.
Se les da la vuelta con una espumadera para asegurarse de que se doran uniformemente.
Se retiran, se dejan escurrir sobre papel absorbente.
Se pueden rellenar a gusto de cada uno, crema pastelera, mousse de chocolate, etc.

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